Los festejos de River, o cómo transformaron al hincha en espectador televisivo

River anunció, luego de perder contra el Al Ain en el Mundial de Clubes, que iba a abrir el estadio para festejar la Copa Libertadores ganada a Boca. “La fiesta del más grande” era el nombre elegido con el cual se invitaba a los que habíamos adquirido las entradas para el fallido partido del 24 de noviembre. La ilusión del hincha encontraba algún consuelo de poder festejar con los jugadores; luego de la fiesta desatada en el club y Obelisco al finalizar el partido.

Desde el club, la organización fue muy mala. Se informó que a las 15:30 abrían las puertas para los festejos, pero en ningún momento se precisó en qué consistían, a qué hora empezaban o algún dato más. Para más insatisfacción, llegado el horario no se cumplió con la apertura “por recomendaciones de seguridad”. El socio que quería ser parte seguía sufriendo la falta de información por parte del club. El equipo llegó 3 horas después, como sabíamos los presentes que seguíamos el minuto a minuto por redes sociales.

El numeroso operativo policial poco se relacionaba con la fiesta que se suponía que tenía que ser. Además, nuevos incidentes se registraron en Quinteros y Libertador ante unas fuerzas que siguen demostrando su incapacidad para garantizar seguridad en espectáculos deportivos masivos. Otra nota de color son los hinchas que en grandes cantidades se acercan sin entradas, poniendo en riesgo la realización del evento. Pareciera que su presencia es más importante que el hecho.

River campeón de América Ole
Los hinchas desde temprano coparon el Monumental listos para una fiesta con sus jugadores y cuerpo técnico. (Foto via Diario Olé)

Pero la fiesta fue un programa de televisión, no un momento para compartir los hinchas y los jugadores, de reivindicar esa unión y esa alegría que tanto caracteriza a los equipos de Gallardo en River. Lo que normalmente se dice “la fiesta del fútbol” poco tiene que ver con lo que pasó. Solo unos momentos, como cuando Gallardo tomó el micrófono, se permitió la conexión y comunicación entre la gente presente en el estadio; después Alina Moine y Sergio Goycochea llevaron los tiempos y la voz del evento.

Tres ejemplos alcanzan para marcar hacia quien estuvo planteado el show y quienes eran los protagonistas. Primero, la polémica decisión de pasar de a uno por una alfombra roja. La idea de ponerle suspenso a la entrada de la copa para crear clima, fue completamente tapada; las ovaciones a cada jugador quedaban silenciadas por las voces de los presentadores que brindaban datos y comentarios mientras la gente intentaba corear el nombre de quien entraba. Como si fuera un desfile de moda. Correrse, apagar el micrófono y dejar que el hincha reconociera a sus jugadores, que estos recibieran el cariño, quedó opacada por la necesidad de llenar los espacios. Además, el grito “dale campeón” durante la vuelta olímpica se vio constantemente tapado por las entrevistas a los jugadores, donde lo único que se escuchaba claramente era la voz del periodista.

El colmo y la confirmación total de que se trataba de un espectáculo televisivo y no una fiesta del club, hinchas, jugadores, técnicos y dirigentes, ocurrió antes de la recreación del gol del Pity Martínez. Todos los jugadores en el área de River, el Pity listo para empezar a correr con su hija y los hinchas deseando gritar ese gol. Pero para los conductores fue momento de una pausa. Sí, a cancha llena y todo preparado Goycochea dijo que se iban a una pausa y después lo hacían. Se apagaron las luces, efectivamente, se siguió después de unos minutos.

Festejos monumental
El show de luces y la iluminación planteadas para las cámaras: ni siquiera se prendieron los focos del estadio para comodidad del hincha. (Foto via Diario La Nación)

Los festejos quedaran en la historia. El hincha sigue celebrando su Libertadores contra Boca. Pero el destrato que significó ese engaño, esa conversión en espectadores de un programa de televisión y no en hinchas que estaban de fiesta fue grave. La lógica televisiva apunta al show, a atrapar al espectador en detrimento quizás de quien está en el estadio. La audiencia, por decirlo de alguna forma, es más numerosa que la hinchada, por la capacidad del estadio. Pero el hincha tiene que combatir esa lógica; los dirigentes deben cuidar que el fútbol y los clubes no sean balances contables meramente. El hincha no es el protagonista, pero sí es una parte importante del entorno, hay que cuidarlo y tiene que hacerse respetar. Sino, todo va a quedar subordinado al dinero, y ahí perdemos todos.

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