La violencia de género no tiene camiseta

El 3 de junio del 2015 las mujeres marcaron un hito en la sociedad argentina. El Ni Una Menos irrumpió en la escena pública y visibilizó como nunca las luchas de las mujeres por sus derechos y la igualdad. No fue sólo una movilización de denuncia contra la violencia machista, sino que es además un movimiento que se propone cambiar la sociedad. Contra viento y marea, ponen en agenda reivindicaciones históricas y nos invitan a cuestionarnos y sumarnos, o quedar del lado de los anti derechos y el status quo.

La cuestión es clara y está a la vista de todos. El acoso existe, los femicidios existen, la diferencia salarial por ser mujer existe y la desigualdad de oportunidades también. Frente a esto, se está a favor del cambio que ellas impulsan o se está en contra y se valida que esto suceda. La marea feminista viene a arrasar los cimientos del patriarcado.

¿qué actitud vamos a tomar en el mundo del fútbol? Es la pregunta que tenemos que hacernos. El fútbol es un ambiente machista, donde la mujer no tiene espacio para decidir, que es víctima del accionar de los ídolos deportivos y es vista como un producto para las cámaras incluso en la tribuna. Seguramente habrá quien lo niegue, lo justifique… y reproduzca así este sistema injusto y violento.

Es importante tomar conciencia de la situación, poder cuestionarnos hechos cotidianos y no tanto para ir logrando cambios. Todos los actores involucrados debemos hacernos cargo de nuestra parte, preguntarnos si lo que estamos haciendo está bien o no y por qué lo hacemos. En particular, las reacciones frente a las acusaciones de violencia de género merecen nuestra atención.

Los jugadores están acostumbrados a manejarse con impunidad. Ser buenos jugando al fútbol los exime de muchas responsabilidades y genera que haya todo un círculo de gente dispuesto a cubrirlo (¿y cuidarlo?) para que rinda adentro de la cancha. La idolatría, la repetición de que es un ganador y nada se le resiste lo convence que así también se puede tratar a la mujer, como un trofeo o una propiedad de él. Es por eso que vemos tan seguido relatos y acusaciones sobre jugadores que golpean a parejas o ex parejas y que tienen un comportamiento violento fuera de la cancha.

Para que ellos puedan también cambiar la forma en que se criaron y su visión del mundo es necesario que todos tomemos cartas en el asunto y cambiemos la forma en que encaramos la problemática. Los dirigentes rara vez toman medidas contra jugadores que se ven involucrados en estos temas. Si el caso se vuelve mediático, cubren al jugador, mueven contactos para arreglos judiciales y atacan la víctima como alguien que sólo busca fama. Las reacciones de la Comisión Directiva de Rosario Central con Tobio son excepcionales en Argentina. Y dudo que veamos medidas como las que tomó la Portugal con Cristiano Ronaldo. Ellos primero cuidan al jugador negocio.

Centurion drama
En los medios es común defender a la estrella y transformarla en víctima.

Los periodistas entran por conveniencia o convencimiento también en esta acción y lo banalizan. Buscan la polémica más que tratar con responsabilidad y averiguar el hecho. En su cercanía con los jugadores o la búsqueda de esta para ganarse la nota, llevan las acusaciones hacia las denunciantes, dando a entender que quieren agarrarse de la fama del jugador o sacar dinero a cambio, sin importarles si realmente ocurrió o no el hecho y el significado del mismo. Más preocupados por buscar títulos, reproducen prejuicios, sin entender su rol como comunicadores.

Finalmente, los hinchas tenemos también nuestra cuota de responsabilidad y no es menor. Las situaciones se repiten y las posturas también. Ante la acusación a un jugador, los hinchas del equipo para el que juega esgrimen distintos argumentos: que es una campaña para ensuciar al club, que mientras rinda adentro de la cancha su vida privada no importa, que seguro busca fama, o que justo aparece cuando el equipo está jugando algo importante. Todas reacciones que minimizan el hecho, lo subordinan a lo deportivo y, de esta manera, justifican y garantizan impunidad al jugador. Por el contrario, los hinchas rivales reproducen títulos y mensajes en los medios de manera irresponsable, por el solo hecho de atacar y perjudicar (así parece) al club rival.

La superficialidad con que nos manejamos los hinchas en este tema contribuye a la reproducción de los valores que tienen los jugadores. Incluso cuando el acusado ahora usa otra camiseta, los discursos se repiten, pero cambian los actores: quienes lo minimizaban ahora lo viralizan y quienes lo hacían antes, ahora se ponen a la defensiva.

Es hora de entenderlo: la violencia de género no tiene camiseta. No es un River vs Boca, Racing vs Independiente o Central vs Newell’s. No están atacando al club, no hay una competencia por la moralidad de la institución que se ve afectada por estas acusaciones. No. Por el contrario, los valores de nuestros clubes se construyen día a día y somos nosotros quienes estamos empañándolos, subordinando todo al resultado deportivo y siendo funcionales al machismo que domina.

Que el fútbol se sume a la ola de cambios sociales impulsado por las mujeres depende de nosotros.

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