CUESTIÓN DE ESTADIO

Una mirada distinta sobre el deporte

Lo que dejó la Copa América: más de lo mismo en el mundo fútbol

El sábado 4 de julio Chile y Argentina jugaron la final de la Copa América. Chile, el local, nunca la había ganado y esta era su posibilidad, frente a su público y con una de las mejores generaciones de su historia. Argentina, último finalista de la Copa del Mundo, hace 22 años que no la gana y tendrá que seguir cargando con el peso de la sequía. A priori, el fútbol estaba  invitado: grandes jugadores y motivos para ir a buscar la gloria. Sin embargo, no sólo el partido decepcióno; todo lo malo que rodea a la pelota también se manifestó en esta edición.

Al igual que en el Mundial de Brasil  , la organización y el inicio quedaron marcados por las protestas. La posibilidad de visibilizarlas a nivel global (el fútbol está parado salvo por esta competición) genera una presión para que el gobierno actúe, respondiendo a la demanda o reprimiendo, según la ocasión. Además, como el destinatario es el Estado y es también quién realiza las inversiones, la Copa acrecienta ese clima de disconformidad y potencia reivindicaciones previas. En este caso, estudiantes organizados cuestionan el sistema educativo privado. También estos eventos generan un aumento en la demanda de servicios públicos, que acrecentó la protesta de sectores del transporte. Las tensiones sociales, en estos casos, siempre se buscan resolver de la misma forma: tratar de invisibilizar el asunto, reprimirlo para que no pase a mayores y esperar que el balón ruede. Una receta FIFA.

Bachelet festeja junto con los jugadores. El fútbol es un atractivo para la política, a pesar de las protestas que se generan en torno a los eventos

Bachelet festeja junto con los jugadores. El fútbol es un atractivo para la política, a pesar de las protestas que se generan en torno a los eventos

Como no podía ser de otra forma, esta copa también estuvo signada por el escándalo en la FIFA, en el que la Conmebol está implicado. Fue llamativa la falta de dirigentes de alto rango en la competición. Incluso no se sabe aún quién es el que va a entregar el trofeo, ya que no hay presencias confirmadas de la máxima asociación. Tampoco representantes de la Confederación Sudamericana, que dejaron a Bachelet sola en el Palco de Honor en más de una oportunidad. A pesar de que todo parezca que se desarrolló normalmente, se está en un tiempo de cambios a nivel interno. Por un lado, durante las últimas décadas, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay tenían el poder en el continente. Grondona, Leoz, Teixeira eran los hombres fuertes. Hoy eso está cambiando y “el Pacífico” avanza (ver Sergio Levinsky). Este vacío y cambio de poder explican las desprolijidades sobre la designación de árbitros, las sanciones y el Tribunal de Disciplina, que quedaron a la vista con el caso Jara. Por el otro, y si faltaba algo, las cuentas de la confederación y las empresas auspiciantes están bloqueadas por la investigación, por lo que no se sabe qué pasara con los premios a repartir.

De este escándalo y también de la Copa América son parte los medios, principalmente la televisión. Son los que eligen qué y cómo pasar, además de ponerle las palabras que ellos quieren a las imágenes. Los derechos de transmisión los tiene Torneos y Competencias, justamente la empresa que está en la mira de la justicia norteamericana. No es casual que este hecho se omita en todos los medios encargados de cubrir el evento: hay que mostrar normalidad, porque “el show debe continuar”. Además, bajan un mensaje de rivalidad, de nerviosismo y supuesto patriotismo que poco colabora con el fútbol. Los jugadores son los que bajan mensajes moderados y acordes a la situación, pero no tienen el mismo eco que los hinchas. El papelón de Farinella enojado con Lionel Messi y armando todo un show, sin siquiera reflexionar sobre lo verdaderamente importante (ni entrar en la calidad de sus análisis que dejan mucho que desear…), es también un claro ejemplo de su participación en este entramado.

Nicolás Leoz, dirigente de peso de la Conmebol implicado en el escándalo FIFA (foto via cb24.tv)

Nicolás Leoz, dirigente de peso de la Conmebol implicado en el escándalo FIFA (foto via cb24.tv)

No es nuevo el asunto de mezclar nacionalismo, política y fútbol. Muchas veces se confunde qué es lo que está en juego cuando se enfrentan dos selecciones. En Argentina esta épica tiene una larga tradición, principalmente con Inglaterra. Eso también hizo agigantar el mito de Maradona, que no sólo ganó el Mundial 86, sino que en ese camino eliminó a los ingleses con dos jugadas que quedaron para siempre en la memoria futbolera. En este sentido, con Chile y Uruguay a lo largo de los años se fue potenciando la confusión y ganando en odio. El colmo son los cantos que se escucharon esta vez, mezclando la guerra de Malvinas, desastres naturales con tremendas consecuencias y el fútbol. La responsabilidad de frenar esto es de todos.

Queda claro que la Copa América no es el torneo que más pasiones despierte. Además, no es el mejor contexto para que se desarrolle, por todo lo mencionado. Poco le importa a Chile, que está en todo derecho de festejar. También hay mucho en lo deportivo para pensar en Argentina. Pero no todo se termina ahí. Quizás sea momento de empezar a revisar qué es lo que está bien y qué es lo que se tiene que cambiar; otra copa así, concentrando y reflejando lo malo no es bueno para nadie.

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Acerca de Juan Martín Ramirez Bolaña

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Esta entrada fue publicada en 10/07/2015 por en Actualidad, Internacional y etiquetada con , , , , , , .
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