CUESTIÓN DE ESTADIO

Una mirada distinta sobre el deporte

Después del caos, más papelón…

Los octavos de final entre River y Boca de la Copa Libertadores 2015 dejaron mucha tela para cortar y van a quedar en el recuerdo con polémica. Pero no por el fútbol. Por lástima, la causa de todo va a quedar en el olvido. Si nos ponemos a pensar la previa, es hasta esperable. Después del partido en el Monumental se habló de los árbitros, de arreglos, de guapeza, de clima de guerra… ¿De fútbol? Nada. No se dijo nada sobre el planteo de Gallardo anulando el juego de Boca, de las variantes con las que contaba Arruabarrena para volver a inclinar la balanza y darlo vuelta. El que llegaba con la “obligación” de ganar por una primera rueda perfecta fue el que entró en este clima de caos. Y los hinchas también. El resultado: papelón y mamarracho.

La gravedad del asunto (jugadores atacados en plena cancha) no pareció afectar a los protagonistas. Ninguno demostró en los últimos días estar a la altura de las circunstancias. Todos sacaron a relucir lo peor del fútbol y del negocio que lo rodea. En todos los casos lo que primó fue el interés personal y económico. Hagamos un recuento.

Los dirigentes de la Conmebol no estuvieron a la altura (foto via infobae)

Los dirigentes de la Conmebol no estuvieron a la altura (foto via infobae)

Los principales responsables son los dirigentes, porque su posición los habilita a poner las reglas de juego, o al menos discutirlas. Los representantes de la Conmebol mostraron desde el principio cuáles eran sus prioridades: el negocio. El partido tenía que seguir, el escándalo no podía trascender y los que estaban en la cancha no tenían la mínima idea ni autonomía para decidir qué hacer. Es decir, si estaban o no era lo mismo. Después llegó el momento de la definición. Si se suspendía o se reanudaba, si se sancionaba a Boca o no, que se anunciaba el sábado a la tarde o se postergaba un día… Todos debates y procedimientos lejanos al fútbol, a proteger al jugador y al espectáculo. La sanción es otro ejemplo de que no importa lo que pasó ni hacer bien las cosas. No es de extrañar, no es la primera vez que pasa.

Angelici como representante máximo del club organizador también quedó en la mira. Primero, no apareció en la zona hasta largo rato después de las agresiones. Sus primeras declaraciones fueron para afirmar que el club había cumplido todos los protocolos y estaba todo bien desde su lado. No contento con eso, después agitó fantasmas conspiracionistas. Incluso en conferencia de prensa dijo que no había sido algo de la barra oficial. Sí, da por válido que exista una barra y que se la reconozca. Algo común cuando se habla de internas, pero no por eso menos vergonzoso. Su descargo apunta a instalar nuevamente la idea de incivilizados, inadaptados y hechos aislados, que desde la Conmebol aceptan contentos de no tener que encarar medidas profundas. Es decir, como presidente de Boca, no solo no asume responsabilidad en lo ocurrido y lo minimiza, sino que además busca ponerse en el lugar de víctima. A contramano de cualquier comprensión e intento de solución de un problema tan grande, como la violencia. En la misma línea se encuentra el Gobierno Nacional, con los mismos argumentos pero señalando a los clubes.

La imagen final de los jugadores de Boca en una noche lamentable (via losandres.com.ar)

La imagen final de los jugadores de Boca en una noche lamentable (via losandres.com.ar)

Los jugadores de Boca merecen su triste reconocimiento. Encabezados por un Arruabarrena sobrepasado desde el principio (desde que se quejó por el cambio de un día la fecha de los partidos), su reacción en medio del caos sólo aportó confusión. Enojado con los jugadores y cuerpo técnico de River, protestando porque no se jugaba, recién al final se calmó y propuso salir juntos los jugadores de ambos equipos. Claro que sus dirigidos no respondieron. En ningún momento se acercaron a ver qué pasaba, se pararon como para jugar (¿para marcar “no abandono?), dejaron ir solos a los jugadores y saludaron a la hinchada antes de irse. Para peor, después salieron en redes sociales a decir que los habían eliminado en escritorios. Por orgullo o quedar bien con la hinchada, desconocieron completamente lo que pasó (además de no hacerse cargo que en la cancha no iban ganando tampoco). Su intento de victimización y refuerzo del mensaje “boca contra todos” sólo hace la vista gorda a la violencia, sino que además suma hostilidades a un clima bastante saturado de agresividad.

Tampoco es comprensible la actitud de los jugadores de River. Salir por redes sociales con fotos cargando, en respuesta a la que se sacaron los de Boca después del 5-0 del verano, no es entender el momento. Por más orgullo que signifique haber dejado afuera al clásico de dos copas seguidas, o venganza por la falta de solidaridad mostrada, su foto minimiza el hecho de haber sido agredidos. Nada que ver con el mensaje de Ponzio en pleno caos ni con la actitud del cuerpo técnico. Por el contrario, suma a la idea de que lo único que importa es el resultado final. Si los jugadores no pueden bajar el mensaje de que son rivales y no enemigos (incluso ellos son colegas), su actitud es repudiable también.

El periodismo, como siempre, juega su papel. Desde las grandes empresas, que presionaron para que no se suspendiera a un club que ayuda mucho a sus recaudaciones, hasta los periodistas que tenían que cubrir el hecho. No asumen su responsabilidad como comunicadores, sino que, por el contrario, aprovechan ese lugar privilegiado para defender sus intereses. No es de extrañar: estos “periodistas lobbystas” operan para que lo que se ve se adecúe lo mejor posible a su conveniencia. Así, encontramos a algunas figuras echándole la responsabilidad a Angelici y el Pro, otros al Gobierno Nacional (siempre negando la otra parte), agarrándose de cualquier rumor para hacer una versión que haga quedar bien a alguien. Buscar chivos expiatorios y no responsabilidades, mirar hechos y no procesos, son realidades que el periodismo deportivo argentino reafirma día a día. Si a esto le sumamos la necesidad de tener la primicia, el escenario es de pura confusión, que favorece la impunidad. Esto sin mencionar como durante la previa se encargaron los periodistas de agregar dramatismo, elevar el nivel de conflicto y fogonear discusiones que no fueran futbolísticas, como dije al principio.

Los medios deberían hacerse cargo de sus mensajes (foto via Twitter)

Los medios deberían hacerse cargo de sus mensajes (foto via Twitter)

Por último, es triste el papel que nos toca a los hinchas comunes. Entiendo por hinchas comunes aquellos que vamos a la cancha, seguimos a nuestro equipo sin sacar ningún beneficio directo. Ya hablé de nuestra responsabilidad en otra ocasión. Hoy se refuerza esa sensación de parte involucrada en este circo manchado que gira alrededor de la pelota. Por cierto, lo del drone no me pareció de gravedad, salvo por el momento.

Los hinchas de Boca salieron de entrada a justificar todo lo ocurrido. Se subieron al rol de protagonistas de la serie, cuando lo que define es lo que pasa adentro. Esa sed de protagonismo (que viene hace años cortando partidos para “mostrar su fiesta” con fuegos artificiales y colgándose del alambrado) se vio potenciada por una previa “de vida o muerte”. Que plateistas que no tienen que ver con la barrabrava se queden para tirar botellas a River es una muestra clara de que esto no es una cuestión de barras. Es un hincha desnaturalizado que ve al otro como un enemigo y, como tal, debe ser eliminado. Después, se sumó al mensaje de haber sido eliminado en los escritorios, como si no hubieran ido perdiendo en la cancha y se haya suspendido el partido por su culpa. No, ese mensaje legitima completamente el accionar violento, minimiza lo ocurrido y no es autocrítico de su comportamiento. Nuevamente, no son “10 inadaptados” o la barra, sino que es parte del fútbol, del que somos parte. Uno de los recursos de acción es la legitimidad, y si no se reconoce cuando se daña al propio club,  la acción violenta va a seguir su curso, porque va a estar legitimada entre todos.

También los hinchas de River se sumaron a esta idea de los escritorios. Para recordarle a Boca lo dudoso de su partido con Vélez (que tampoco ponía en riesgo su clasificación), bajaron el mensaje “entraste y saliste por los escritorios”. No, River no pasó por méritos futbolísticos ni por haber sido víctima de un ataque. Según este mensaje, pasó porque fue más vivo ante la agresión y se movió más rápido a nivel dirigencial. Realmente no pasó nada que valga la pena la reflexión. No dudo que más de uno habrá pensado, incluso, en agredir al plantel de Boca cuando vaya al Monumental por el torneo local. Así, todo sigue…

Es triste la realidad. Es triste lo que pasó. Es triste lo que sigue pasando. Pero más triste es ver que nadie se toma realmente el trabajo de pensar en cómo solucionarlo. Al contrario, es minimizado. Y así, el panorama es que va a seguir pasando.

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Acerca de Juan Martín Ramirez Bolaña

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Esta entrada fue publicada en 18/05/2015 por en Actualidad, Nacional y etiquetada con , , , , , , , , , .
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