Apuntes sobre violencia en el fútbol (1-3): Los hinchas como parte del problema y de la solución

Enfrentamientos entre la hinchada de Dock Sud y San Telmo, la interna de la barrabrava de River se hace presente en la confitería del club en medio de los socios, tiroteo entre facciones de la barra de Almirante Brown; son estos algunos de los hechos que sacudieron al fútbol durante las últimas semanas. Como tantas otras veces, ocuparon algunas páginas de diarios por unos días y después quedaron tapados por otros hechos menos complejos. Sin embargo, no por eso hay que dejarlo pasar, puesto que hay mucho para decir, en un fenómeno que nos afecta a todos, y que excede también al fútbol.

El objetivo de esta serie de notas es indagar sobre la trama de relaciones complejas y los roles de cada parte en esta violencia que es parte hoy del fútbol argentino. No voy a brindar una solución mágica, porque no creo que la haya; es un proceso que depende de la participación de todos los actores. Por el contrario, busco llamar la atención de cada uno de nosotros que somos parte de este universo, ya sea como espectadores, hinchas, socios de clubes, consumidores, periodistas o dirigentes. De esta manera, habiendo tomado conciencia primero, podremos exigir un cambio y tener una idea más acabada sobre cómo queremos que sea y hacia dónde. Algunas cuestiones ya fueron mencionadas y tratadas al pasar en otra nota, otras serán nuevas. El tema no se acaba con esto, sino que la intención es que sirva para nuevas ideas, discusiones y, principalmente, acciones, y así empezar a transitar ese camino de cambio profundo.

Los planteles de Dock Sud y San Telmo posan juntos antes del partido, como mensaje contra la violencia. (via imborrabletelmo.blogspot.com)
Los planteles de Dock Sud y San Telmo posan juntos antes del partido, como mensaje contra la violencia. (via imborrabletelmo.blogspot.com)

Las muertes en el fútbol son cada vez más frecuentes. Durante toda la gestión de Grondona al frente de la AFA fueron creciendo progresivamente; en los pocos días que lleva Segura, esta tendencia se mantiene. A lo mencionado al comienzo, podemos sumar el asesinato del hijo de uno de los líderes de una facción de la barra de Quilmes. El hecho de que sean cada vez menos durante los partidos, sin embargo, lleva a preguntarnos si pueden limitarse realmente al fútbol. Por el momento, es la forma más fácil de identificarlas y lo que nos sirve en este caso. Pero la muerte es un momento excepcional, en el cual la violencia se hace más explícita y por eso quizás genera más escándalo. Sin embargo, esta es cotidiana y sistémica; en todos los partidos, en todos los clubes está presente y es parte de la organización del espectáculo. Dadas estas características, la naturalizamos: pensamos que es así, siempre lo fue y lo va a seguir siendo.

Este es el primer pensamiento que tenemos que cambiar: esto no es así, sino que está así. Este enfoque distinto es la base para el cambio, ya que nos deja abierta la puerta para otras alternativas que tienen que ser posibles primero en la cabeza. Esta primera nota, entonces, es para nosotros los hinchas, que somos la base de todo el negocio montado (lícito e ilícito) y nuestra acción frente a las barras bravas, que son también la parte más visible de esta violencia. La masividad es lo que hace que sea tan atractivo y redituable para todos y de ahí nuestra importancia como actores. Asumir este lugar fundamental que tenemos es otra actitud imprescindible para transformar la realidad. Ya sea como consumidores, espectadores o socios somos los destinatarios del producto, espectáculo y/o servicio que hacen a los clubes de fútbol y al profesionalismo. Por lo tanto, también somos los principales perjudicados por esta estructura.

Alguno se atajará y dirá de entrada que somos víctimas y estamos atados, que a lo sumo podemos elegir no ir a la cancha, no mirar los programas que forman parte del circo mediático o elegir dirigentes que combatan a los barras. Y mientras tanto, sólo adaptarnos a estas condiciones si no queremos perderlo. Lamentablemente es la postura resignada de la mayoría de los hinchas. Lo que no asumen es que así también se legitima todo el sistema, toda la violencia, incluidas las barrasbravas. La postura fácil y pasiva es funcional, por eso también hay que cambiarla.

Con esto no quiero caer en el facilismo de caerle a “la gente” ni desviar el foco o la cadena de responsabilidades. El objetivo, como ya dije, es tomar conciencia de que también somos actores (y de los importantes), y como tales realizamos acciones e influimos, incluso desde la omisión o la pasividad. Tampoco digo que pagar el “trapito” los días de partido, por ejemplo, sea ser funcional a la barra, porque nadie se va a arriesgar a que le rompan el auto en este contexto, donde el que te cobra es parte de una organización y por lo tanto hay que combatirla desde la organización, no desde la acción individual. Por lo tanto, lo que sí es funcional es no elevar protesta por el hecho, no exigir ni organizarse para que esto no se reproduzca, porque lo legitima con un “y bueno, es así…”.

Los hinchas son los principales perjudicados. También pueden organizarse para cambiar la situación, sin importar la camiseta que tenga cada uno.
Los hinchas son los principales perjudicados. También pueden organizarse para cambiar la situación, sin importar la camiseta que tenga cada uno.

No es la única acción que realizamos que legitima a la barra. Al cantar las canciones en las que enumeran sus enfrentamientos, también lo hacemos. Incluso reproducimos esos códigos y aceptamos su accionar como correcto. Un ejemplo de esto es que las agresiones entre personas por el simple hecho de tener otra camiseta ya no se limita a los barras, sino que es aceptado como un “deber ser” de un verdadero hincha. Esto antes era exclusivo de estos grupos. ¿Desde qué lugar cuestionamos, entonces, su accionar si nos toca ser víctimas?

Dos ejemplos más. Cuando los resultados no acompañan al equipo, aparece el pedido para “que vayan a apretar a los jugadores, a ver si así reaccionan y ganan”. O si esto ocurre, estar satisfechos con el hecho. Si encima después cambia el rendimiento, la aprobación es más explícita. Esto les otorga una razón de ser (como última reserva de los intereses del club) y un poder para usar la violencia de manera legítima. Esto es claramente les es funcional, ya que sirve para “limpiar” su imagen y también dar un manto de legitimidad a sus otros negocios, como los trapitos que tanto molestan.

El otro caso similar es el de aprobarlos por la supuesta función de seguridad que cumplen en los viajes o de visitante para los demás hinchas. Por la prohibición de público visitante esta es menos frecuente ahora, quedando reservada para los equipos que juegan copas internacionales o los partidos de la Copa Argentina. Sin embargo, es importante, ya que se le pide a la barra que cuide a “los hinchas comunes”, e incluso se les reconoce si se pelean “en defensa de la gente”, ya sea contra los otros hinchas o la policía misma. De esta forma, no sólo se corre el destinatario del reclamo sobre la seguridad y el cuidado del público, que debería ser hacia los dirigentes, el Estado y la policía; sino que además se acepta  y reproduce que ir de visitante sea riesgoso y el local pueda agredir a ese visitante. También se legitima que se les pague, puesto que ya tienen una función específica, y los negocios que haya alrededor de estos viajes (reventa, pasajes, etc.).

La violencia y las barras operan con un grado de organización frente a hinchas desorganizados (foto via diariouno.com.ar)
La violencia y las barras operan con un grado de organización frente a hinchas desorganizados (foto via diariouno.com.ar)

Este no es sólo un mensaje de no violencia, sino que tiene un contenido político claro. Somos parte del problema, porque somos parte del sistema. Muy pocos son los que no se habrán sentido identificados con alguna de las actitudes anteriores, por lo que es claro que nuestra actitud es funcional. No es casual que haya usado tantas veces la palabra legitimidad. La clave está en que actuamos en un sistema organizado, mientras que nosotros solamente nos agrupamos por los colores de la camiseta, nos dividimos por esos mismos y no llevamos ninguna acción colectiva para defendernos ni generar el cambio.

Después de este recorrido, no podemos  no asumir que tenemos mucho para hacer y que podemos empezar con poco, cambiando actitudes y pensamientos. No podemos limitarnos sólo con votar a alguien que promete combatir el sistema, esperando que lo solucione mágicamente. Que muchas veces encima no es “atractivo” porque pensamos que la honestidad no puede triunfar en este sistema corrupto, y, supuestamente, para no perjudicar al club en lo deportivo, lo hacemos en todos los demás ámbitos. Sí hay que exigirles a los directivos que combatan esta situación, tanto de barras como de organización, pero además hay que organizarse como actores y ser protagonistas del cambio. Así se van a poder generar esas políticas necesarias a nivel interno y movilizar lo necesario para que los gobiernos nacionales, provinciales y municipales también realicen ese camino. Es un deber como consumidores, pero también como ciudadanos.

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