Alemania: Fußball für einige (oder wenige)

 

Se cumplieron 25 años de la caída del Muro y el fútbol alemán está mejor que nunca. Tribunas llenas, partidos vibrantes, una generación de futbolistas exquisita y una Selección campeona del mundo en 2014. El Bayern Münich lidera la Bundesliga, como casi siempre. Curiosamente, Hamburgo, Sttutgart, Werder Bremen y Borussia Dortmund –cuatro de los cinco otros clubes más galardonados del país, junto al Mönchengladbach- ocupan las últimas posiciones luego de 11 fechas. El poderoso equipo que armó el Bayern lo encamina indefectiblemente a un nuevo título, y así parece que será por algunos años más. Esto le quita emotividad a una liga que sin embargo vio crecer exponencialmente un nivel que ya era muy bueno del 2004 a esta parte.

El fenómeno que comenzó en 1989 con el episodio del Muro y concluyó el 3 de octubre de 1990 cuando las dos Alemanias pasaron a ser un solo país fue más una anexión que una unificación. La implosión de Alemania Democrática provocó que su gente tuviera que adaptarse de la noche a la mañana a un sistema tan distinto en todo sentido como el de Alemania Federal. El fútbol no fue la excepción. La Bundesliga y la Oberliga no se fusionaron, sino que los clubes orientales fueron integrados a las distintas categorías de acuerdo a lo que la Federación Alemana de Fútbol (la de Occidente, la DFB) consideraba acorde a su nivel. Y la diferencia de nivel entre una y otra liga era bastante amplia, por lo que la DFB decidió en 1991 simplemente aumentar por un año la cantidad de equipos de la 1.Bundesliga de 18 a 20 e incluir solamente al campeón y el subcampeón de la Oberliga de la temporada 1990/91. Así, el Hansa Rostock y el Dynamo Dresden se convirtieron en los dos primeros clubes “comunistas” en disputar la Bundesliga.

Jugadores del Hansa festejando
Jugadores del Hansa Rostock celebran con champagne la invitación a la Bundesliga

La Bundesliga había nacido en 1963 en un intento de Alemania Federal por volver su fútbol doméstico más competitivo puertas afuera. Un campeonato centralizado con la participación de los mejores del país, se pensaba, iba a favorecer el crecimiento de los clubes y los jugadores. Sin embargo, Guerra Fría mediante, la DFB agregó un inciso al reglamento del torneo: entre los miembros de primera división debía haber por lo menos uno de la ciudad de Berlín. Grave error. El privilegio fue otorgado en primer lugar al Hertha Berlín, que al finalizar su segunda temporada fue descendido a la liga regional por comprobarse que la dirigencia les había dado a sus jugadores unos bonos superiores a los permitidos. Vivir tan cerca del Muro no era algo que le simpatizara a demasiada gente –más allá de que los residentes de Berlín, por ejemplo, se vieran eximidos de realizar el servicio militar–, la CD del Hertha quiso convencer con dinero y le salió caro.

Así las cosas, hubo que salir a buscar de apuro otro conjunto berlinés para la temporada 1965/66. El Tennis Borussia, campeón de la ciudad, se negó. También lo hizo el subcampeón, el Spandauer. Recién dos semanas antes del inicio del torneo, la Federación consiguió el visto bueno del SC Tasmania 1900 Berlín. 81.534 personas vieron como el Tasmania debutaba en la máxima categoría con una sorprendente victoria por 2 a 0 al Karlsruher. Pero ese resultado no fue más que un espejismo. Partido a partido el Tasmania fue rompiendo récords negativos que lo llevaron a ser el peor equipo de la historia del fútbol alemán. Al día de hoy sigue siendo el club que menos puntos sacó en una temporada (10), menos ganó (2) y más perdió (28), que tuvo la racha más larga de partidos sin victoria (31) y la peor diferencia de goles (15 a favor y 108 en contra), entre otras manchas. De hecho, los 827 hinchas que presenciaron el empate a cero con el Mönchengladbach el 15 de enero de 1966 constituyen la cifra más baja de espectadores en un partido de Bundesliga. Un verdadero papelón. Finalmente, en un acto de sensatez propio de esas latitudes, la Federación dejó sin efecto aquel inciso para la temporada siguiente.

Plantel del Tasmania Berlín 1965/66.
Plantel del Tasmania Berlín 1965/66

Las acciones tendientes a generar algún tipo de efecto al otro lado del Muro fueron moneda corriente en ambos países. Los del Este, por caso, no tuvieron ningún tipo de prurito en mudar completito al exitoso plantel del Dynamo Dresde hasta Berlín para sumarlos al Dynamo de esa ciudad, que ganó 10 ligas consecutivas entre 1978 y 1988. Claro, además de ser de Berlín, ese Dynamo era manejado por la Policía Secreta (Stasi) y no podía permitirse fracasar. En cambio, los Federales se enfocaron principalmente en desgastar a sus vecinos a través de la táctica de seducción: se contactaban con los jugadores más reconocidos de Oriente y les ofrecían jugosos contratos para que escaparan y se incorporaran a los clubes de Alemania Federal. El gobierno comunista combatió esta práctica con informantes en cada uno de los planteles, pero no siempre tuvo éxito en su empresa.

De esa manera se fueron más o menos manejando hasta aquella temporada 1991/92 en que la Bundesliga se fagocitó a la Oberliga y sumó a los dos mejores a su torneo. Por entonces se sabía que tanto el Hansa como el Dynamo Dresden iban a tener que esforzarse mucho para sobrevivir hasta que se adaptaran al nuevo mundo. Lo que seguramente pocos creían es que 25 años después la situación sea igual o peor.

Desde el 2009 que no hay clubes del Este en primera división. Ese año descendió el Energie Cottbus, el equipo más particular de los apenas cuatro que llegaron a la 1. Bundesliga en un cuarto de siglo (el restante es el VfB Leipzig, de penoso paso en la 1993/94). Los hinchas del Cottbus –como Angela Merkel– disfrutaron del ciclo más exitoso de su historia en los últimos 15 años, tiempo en el cual tuvieron dos pasos de tres años cada uno por la máxima categoría cuando durante el comunismo a duras penas podían mantenerse en la Oberliga. Su andar en la competición no dejó demasiado, más que haber sido el primer club del fútbol alemán en plantar en el campo a once jugadores extranjeros cuando el 6 de abril del 2001 recibió al Wolfburgo. Su DT, el polémico Eduard Geyer, consideraba que “Muchos jugadores alemanes carecen de técnica, ni siquiera saben dar un pase al área” (NdeR: un visionario) y por eso quien fuera años antes el último técnico de Alemania Oriental e informante de la Stasi armó un equipo plagado de extranjeros que, vale decirlo, pudo salvarse del descenso en su debut. El presidente, en cambio, ensayó una respuesta bastante más lógica ante el aluvión de extranjeros: “Los futbolistas de Alemania Federal se niegan a jugar en clubes modestos del Este”, denunció.

Angela Merkel bancando al Energie Cottbus en un partido de Bundesliga de 2008
Angela Merkel bancando al Energie Cottbus en un partido de Bundesliga de 2008

Entonces, recapitulando nos encontramos con que solamente hubieron cuatro casos de clubes del territorio de la ex DDR que jugaron la Bundesliga en 25 años, que además nunca estuvieron ni cerca de pelear un campeonato (dos 6º puestos del Hansa, las mejores performances) y que incluso la única institución ossie que demostró una evolución en el fútbol capitalista no utilizó casi jugadores alemanes en su periplo por el torneo teutón. Para peor, ninguno de los cuatro “intrusos” está al 2014 siquiera en la segunda categoría, la 2. Bundesliga. Desolador.

Las razones de este fenómeno son fundamentalmente económicas. Que el gobierno de la Alemania Democrática prestara más atención al atletismo y la natación que al fútbol no implica que este deporte haya sido menospreciado por ellos ni sus habitantes. El fútbol se practica allí tanto como en la otra punta del país, y la gente lo vive con idéntica pasión. Basta ver como acompañan a sus equipos en Dresden o en Rostock para comprobarlo. También se comprobaría cómo el sentirse marginados de un sistema puede llegar a generar brotes de violencia y radicalismo, otro problema sin solución en esas tierras.

Pero como la vida te da y te quita, en ese 1990 en el que se les quitó a los alemanes orientales la posibilidad de influir en el nuevo (des)equilibrio de poderes del fútbol nació en Greifswald Toni Kroos, para que hoy los habitantes de esa pequeña ciudad a orillas del Mar Báltico puedan sacar pecho y decir, orgullosos: “Este es nuestro, y es el mejor de todos”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close