El equipo de la FIFA

Último minuto del partido. Un albanés se tira a los pies del rival y se lleva la pelota. Arranca una corrida enloquecida hacia el otro extremo de la cancha. Vuela por los aires tras una entrada durísima de un ecuatoriano, pero se vuelve a parar y abre el juego a la derecha. La recibe un bosnio, que engancha al medio, ensaya un formidable cambio de frente y encara hacia el arco a la espera de que el receptor, un español, lo busque con un centro.  Ambos hacen lo que tienen que hacer: el español tira el centro, el bosnio la empuja. Es gol de Suiza.

Suiza multiétnica Djourou Fernandes
El marfileño Johan Djourou y el caboverdiano Gelson Fernandes festejan el pase a octavos.

Los protagonistas de la jugada que les dio tres puntos claves a los helvéticos ante Ecuador en la primera fecha del Mundial son Valon Behrami, Haris Seferovic y Ricardo Rodríguez. Ellos son parte de la nueva generación de jugadores de la Suiza multiétnica y multicultural que ganó el Europeo Sub-17 en 2009, fue subcampeona del Sub-21 del 2011 y está en octavos de final en Brasil. Su figura es Xherdan Shaqiri, que no podía ser de otro lado que de Kosovo.

Porque esta selección suiza es todo lo que no debería ser una selección suiza para una buena porción de su población “autóctona”, que se inclinó a favor de reinstaurar las cuotas de inmigración en un referéndum en febrero pasado. El plazo fijado para su cumplimiento es de tres años, y afectaría también la libre circulación de los ciudadanos de la Unión Europea, lo que generó la indignación de casi todos en Europa.

Swiss football team after players with a multicultural background have been cut out
La Suiza de este Mundial, si se aplicaran las leyes anti-inmigratorias que acaban de votar.

Muchos de los no indignados son los que ya habían visto limitados sus derechos en el país helvético desde bastante antes, como los balcánicos. En 1991 Suiza instauró lo que se llamó la política de “los tres círculos”, que básicamente permitió el acceso libre solamente a los miembros provenientes de la Unión Europea y de la Asociación Europea de Libre Comercio (Islandia, Liechtenstein y  Noruega). Los demás ya no serían bienvenidos como mano de obra en el país.

Poco importó a los relojeros/chocolateros/banqueros el acuerdo firmado entre Berna y Belgrado en 1965 que pobló las ciudades suizas de trabajadores yugoslavos, muchos de ellos calificados, y que ayudó al crecimiento económico helvético. Llegaron por entonces médicos, ingenieros, dentistas y también trabajadores golondrina que sin embargo demostraron un enorme compromiso con sus tareas.

La década del 80 fue la de la explosión de la inmigración kosovar en Suiza. La muerte del Mariscal Tito en 1980 complicó las cosas en Yugoslavia. Viejos rencores y reclamos, alimentados por la falta de un líder aglutinante, colaboraron con la generación de liderazgos de corte nacionalista en cada una de las seis repúblicas del país. Y Kosovo, una provincia autónoma con casi el 90% de población albanesa –es decir, no eslava– y 95% de musulmanes dentro de una Serbia ortodoxa y xenófoba no la pasó nada bien.

Como sea, muchos kosovares partieron en busca de una mejor vida a Suiza, incluso luego de la puesta en funcionamiento del modelo de “tres círculos”, que entre otras cosas les negó la posibilidad de vivir en las regiones suizas donde ya estaban viviendo sus parientes. El perfil de los inmigrantes había cambiado, los que antes eran trabajadores ahora eran familias enteras y refugiados que escapaban de la guerra, y Suiza no estuvo nunca dispuesta a hacerles fácil las cosas.

Suiza multiétnica Shaqiri
El bueno de Xherdan no se olvida de sus orígenes en plena vuelta olímpica por un nuevo título del Bayern Münich.

Xherdan Shaqiri es uno de los casi 200.000 albaneses que hoy viven en Suiza. Se trata de la colectividad extranjera más grande del país, y constituye el 10% de la población total de esa nacionalidad. Para poner esa cifra en contexto, el resto de los países balcánicos tienen en Suiza, en conjunto, 180.000 inmigrantes. Solamente en la selección, hay cinco albaneses: los mencionados Shaqiri y Behrami, Mehmedi, Dzemaili y Xhaka. Apellidos como Drmic, Gavranovic y Seferovic completan la delantera de “yugos”, tal como les dicen despectivamente los suizos que hoy festejan sus goles. Como aquella selección francesa de 1998, éstos serán aceptados y respetados siempre y cuando los resultados los acompañen.

A Messi, igual, le importa muy poco todo esto. Y lo bien que hace.

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