La Organización en la Mira

Como se dijo en otra ocasión, ser sede de la Copa del Mundo es una oportunidad en muchos aspectos: económico, deportivo y también político. De ahí a que ante cada elección de sede sean varios los países que se disputan por resultar finalmente elegidos. Sin embargo, en este mundial parecen lejanos los beneficios, y ante todo plantean la duda si realmente existen o si es que Brasil no los está aprovechando.

Me propongo hacer un breve balance y un análisis con la competición recién empezada, sobre la etapa correspondiente a los preparativos y organización previa a que “el balón ruede”. El desarrollo posterior mucho tendrá que ver con lo que pueda ocurrir en las canchas, por un lado, y los intereses de los sponsors por el otro. Las noticias deportivas ya han recuperado el centro de la escena, olvidándose la conflictividad social latente. Es lógico, ya que la información brindada no va a poner en riesgo el boom de ventas e intereses que se generan en torno al Mundial, que también tiene a los medios como beneficiarios directa (aumento de ventas y rating) e indirectamente (mayores ingresos publicitarios). A su vez, las selecciones hicieron lo suyo brindando partidos apasionantes, con sorpresas y un gran nivel competitivo.

Mascota oficial del mundial de Brasil
Mascota oficial del mundial de Brasil

Podemos destacar cuatro actores principales: el gobierno del PT, la FIFA y los sponsors, la población y los empresarios/el sector privado. En este caso, no tomo al Estado Brasilero como actor en sí, no porque el PT confunda Estado con partido de gobierno, sino porque este es un entramado de interacciones y decisiones en varios niveles que desvía el foco de la organización del mundial en sí. Habría que particularizar el análisis por estados y regiones, e incluso por carteras ministeriales. Una tarea que queda fuera del alcance de esta nota.

Por el lado de la FIFA, su interés reside en la realización del mundial sin mayores inconvenientes. Los inconvenientes, desde su óptica, no son los conflictos sociales, raciales o políticos que puedan acontecer, sino aquellos hechos que hagan del mundial un producto menos rentable del esperado. Esto se debe, como también se dijo, a que la FIFA lo que hace es vender el producto –en este caso el Mundial-, llevarlo al país anfitrión (no organizador), y después se lo lleva nuevamente, junto con las ganancias generadas. En este caso, las protestas en Brasil ponían en peligro la imagen. Sin embargo, el fútbol hizo lo suyo: los atractivos partidos, con sus polémicas y sus sorpresas colmaron las expectativas y acapararon la atención nuevamente. Esto significa que las ganancias no corren peligro, ni hoy ni a futuro. A pesar de no haber podido presenciar una inauguración esplendorosa ni Blatter haber podido dar un discurso en la misma, la FIFA y sus socios comerciales son nuevamente ganadores, ya que la audiencia y legitimidad de la Copa del Mundo no se verán reducidas.

El empresariado, tanto brasilero como internacional, también aprovechó su oportunidad. Por un lado, las mayores inversiones las realizó el Estado, principalmente las “menos redituables” de infraestructura. Las constructoras levantaron lujosos estadios, realizaron costosas reformas y cobraron millonarios honorarios. Aprovecharon las dificultades para retrasar las obras y poder presionar para mayores ingresos. Los reclamos por las condiciones de trabajo obrero y sobre los costos recayeron sobre el gobierno. También lo hicieron los que eran sobre los tiempos de obra, ya que era el Estado el que debía garantizarle a la FIFA que estuviera todo en condiciones. Ganadores económicos, la imagen del Maracaná versión siglo XXI aparecerá en todos los televisores durante un mes, siendo una publicidad maravillosa para estas empresas. Sus inversiones son cada vez más seguras y, pese a su participación fundamental, siempre están en segundo plano.

Principales sponsors del Mundial Brasil 2014 (Foto via lajugadafinanciera.com
Principales sponsors del Mundial Brasil 2014 (Foto via lajugadafinanciera.com

La población se encuentra entre los perdedores de este proceso. De la alegría de ser sede de un mundial de fútbol a la desilusión de que sea una fiesta para pocos en la que el país solo recibe: turistas, inversiones millonarias localizadas y las miradas de todo el mundo. Un sector de la misma pudo hacer visible su realidad de excluidos, mediante las protestas, no sólo del Mundial sino también en el desarrollo económico de los últimos años. Porque si algo se pudo ver, incluso para los que no estaban interesados en conocer, es que Brasil es un país donde gran parte de la población todavía tiene demandas insatisfechas. Manifestó también la otra cara del mundial, con aumentos de precios que no se corresponden con la economía real del país. Pero nada cambió realmente, como era de esperar. La presión de la FIFA y el sector privado, sumado al interés del gobierno en mostrar la cara del progreso brasilero, atentaron contra la posibilidad de conseguir mejores resultados. El tiempo dirá si esas protestas lograron romper realmente con el ostracismo, o si se impone la fiesta del mundial y sus fuegos artificiales. Eso dependerá, en gran parte, de la continuidad o no del Partido dos Trabalhadores en el gobierno y de las posibilidades de superar las turbulencias económicas actuales. Mientras tanto, quedarán fuera de gran parte de la fiesta y serán víctima de los aumentos de precios que se generan por la misma.

Finalmente, el análisis sobre los resultados para el gobierno requiere una mayor profundidad. Para empezar, se pueden distinguir tres objetivos que se planteó al momento de decidir ser sede del Mundial. Por un lado, un objetivo económico, de recibir inversiones extranjeras para poder continuar el desarrollo económico y mejorar el nivel de vida de la población. Por otro lado, a nivel internacional, ser el centro de atención mostraría la realidad y capacidad del país, no sólo a las elites políticas, sino también a la opinión pública general. Finalmente, el impacto positivo de las fiestas populares exitosas es un resultado político importante al momento de enfrentar una contienda electoral.

Desde el punto de vista económico, la contradicción es grande. Por un lado, se habla del mundial más caro de la historia, con costos altísimos producto en gran parte del aura de corrupción que rodea a la FIFA. A su vez, una gran parte de las inversiones las terminó realizando el propio estado brasilero. Esto en un período de restricciones económicas, generó una mayor resistencia en la población, como ya se vio. Pero, por el otro lado, los estudios sobre los beneficios que significan en el período 2010-2014 y los que se esperan para los próximos años, principalmente en turismo, dejan al gobierno más cerca del éxito y los beneficios esperados.

La jugada fue más compleja de lo esperado (foto Infobae)
La jugada fue más compleja de lo esperado (foto Infobae)

La importancia del fútbol para mostrarse como país es fácilmente reconocible. Empezando por las Copas Intercontinentales en Japón o ahora el Mundial de Clubes en distintos países con poca tradición futbolera, vemos en esta segunda década del siglo XXI que las economías emergentes buscan darse a conocer más a través del fútbol. De los países miembros de los BRICS, Sudáfrica organizó el Mundial 2010, Brasil el del 2014 y Rusia el del 2018. China, por su parte, organizó los Juegos Olímpicos del 2008, con un objetivo similar. Desde esta perspectiva, Brasil estará atento a que no ocurra ningún inconveniente en durante el mes de competición, ya que salvo que ocurra un atentado o alguna manifestación impida el desarrollo normal del evento, el objetivo del gobierno estará cumplido.

Por último, el impacto en la política local fue negativo. Los gastos excesivos tuvieron impacto en la población. El hecho de ser un año electoral genera ya de por sí mayor efervescencia política que, combinada al gasto excesivo y los vaivenes económicos, llevó al alto grado de adhesión a las movilizaciones antimundialistas. Según las encuestas, la oposición creció pero todavía no lo suficiente como para poner en peligro definitivamente la reelección de Dilma Rousseff. El tiempo dirá si se produce un quiebre en la relación entre el PT y sus bases electorales, o si se recompone y continúan el rumbo iniciado por Lula Da Silva.

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