CUESTIÓN DE ESTADIO

Una mirada distinta sobre el deporte

Brasil, donde la política desbordó al fútbol

El 30 de octubre del 2007 la FIFA designó oficialmente a Brasil como sede de la Copa del Mundo 2014. El arreglo de rotación por todos los continentes que había llevado adelante Blatter para ganar apoyos en la FIFA, establecía que el mundial del 2014 debía realizarse en Sudamérica. La CONMEBOL (Confederación Sudamericana de Fútbol), presentó primeramente la candidatura de Colombia y de Brasil para ser organizadores. Sin embargo, Colombia retiró la misma, quedando Brasil como única opción. El presidente Lula, Romario, Dunga (técnico en aquel entonces de la selección brasilera), Teixeira (presidente de la Confederación Brasilera de Fútbol) y los ministros presentes se abrazaron festejando. En aquel instante de euforia, nadie pensó en lo que podía llegar a pasar después.

La Copa del Mundo es un evento único. Ser sede es, cuanto menos, una oportunidad única. Festejaban los brasileros amantes del fútbol, porque iban a tener la posibilidad de ver de cerca a la mayoría de los mejores del mundo. También podrían buscar la revancha del Maracanazo, de aquel mundial de  1950. Festejaban, también, los jugadores y técnicos, por poder jugar de locales. Festejaban, como se vio, los políticos, que mostrarían al mundo lo que es Brasil y su crecimiento los últimos años. No iban a ser menos los empresarios y sponsors, festejando también la posibilidad de realizar inversiones magníficas y obtener los réditos que dejan para ellos un Mundial. La Copa del Mundo llegaba a la terra do futebol, y eso era motivo de festejo.

Brasil designado sede del Mundial 2014

Brasil designado sede del Mundial 2014

Sin embargo, todos estos festejos y motivos de celebración contrastan con lo que se vive hoy en Brasil en torno al mundial y la organización. Las noticias sobre las listas de convocados quedan opacadas por las manifestaciones y protestas que se organizan y copan las calles de distintas ciudades del  país. El despliegue fenomenal de la policía y los discursos cruzados completan este escenario de conflicto social, impulsados por un gobierno  y figuras públicas que quieren que el Mundial se desarrolle en orden. Esta compleja realidad nos lleva a preguntarnos por qué una sociedad que vive el fútbol como pocas y que disfruta las celebraciones, rechaza la organización del Mundial y transforma esa fiesta en conflicto.

La primera pregunta que debemos hacernos para entender esto es qué es la Copa del Mundo. Lejos de caerle al fútbol por ser fenómeno popular (cada vez está más de moda decir que estupidiza y demonizarlo…), hay que entender el proceso que se desarrolló las últimas décadas del siglo XX. Si bien dada su popularidad siempre fue motivo de atracción para la elite política, el interés del mundo empresarial recién se dispara seriamente con la llegada de la televisión y se desarrolla a la par, en la década de 1970. Es esto lo que disparó el negocio del fútbol tal como lo conocemos hoy en día.

Un quiebre fundamental en esta historia del fútbol se dio con la llegada de Havelange a la FIFA en 1974. Se rompió la tradición anglo-sajona que dominaba en el organismo, con presidentes ingleses y franceses desde su creación en 1904. Su propuesta consistía en “vender el producto llamado fútbol” y a la vez llevarlo a todos los rincones del mundo. Este último objetivo resultaba, por un lado, de los compromisos asumidos con las asociaciones de Asia y África, a cambio del apoyo para llegar al poder; y por el otro, coincidía con el primero, al ampliar los mercados y consumidores del producto.

A partir de ese momento, asociado a Adidas y Coca-Cola, desde la FIFA se inició la mercantilización del fútbol, donde los sponsors y los derechos de transmisión se transformaron en los principales ingresos y preocupaciones. Así, en lugar de pensarse en el juego o en la competencia, se acomodaban los partidos de acuerdo a las posibilidades de la televisión, como es el caso del mundial de México 86 . El avance tecnológico, a su vez, permitía mejorar las transmisiones, tanto en alcance como en calidad, atrayendo así nuevos sponsors, nuevas publicidades, nuevos ingresos. Esta noción de producto fútbol se fue consolidando, con La Copa del Mundo como producto principal, pero todas las demás competiciones como instrumentos y subproductos con el mismo fin.

Havelange instauró el modelo del fútbol negocio. Blatter, su sucesor, lo continuó.

Havelange instauró el modelo del fútbol negocio. Blatter, su sucesor, lo continuó.

La otra pregunta que surge de esto es ¿Por qué Brasil es foco de conflicto y no lo fueron sedes anteriores? Si no es un fenómeno novedoso, el gobierno brasilero debía saber ya qué era esperable con la organización del mundial. El mundial funciona como un imán de atracción de inversiones, turistas y negocios. Según las propias fuentes (aunque buscan legitimarse mediante estas), genera empleos permanentes, dejando beneficios en el país. También es un atractivo para la población, tener un evento único en el país. Y, principalmente, es una caja de resonancia gigante. Todo el mundo tiene el foco en lo que sucede y lo que muestra. En el caso brasilero, demostrar su grandeza, su crecimiento y su capacidad.

Esta última característica lo vuelve un hecho político inevitablemente. Es preciso hacer una aclaración: el resultado deportivo puede tener un impacto en el plano político, pero no es decisivo ni se mantiene en el tiempo. Ganar un mundial, un juego olímpico u organizar exitosamente alguno de estos eventos, no define la caracterización ni opinión sobre un gobierno. Sí puede generarle un salto en la imagen positiva (o negativa) en el corto tiempo, pero es necesario sostenerla. No hay que subestimar ni la capacidad de la gente ni sobreestimar la influencia del fútbol.

En el caso de Brasil, este impacto político propio tiene tres condicionantes que lo magnifican. En primer lugar, la pasión por el fútbol en todo el país y la posibilidad de revancha de 1950. En segundo, el país anfitrión, como ya se dijo, tiene mayor atención porque, además de lo deportivo, juega la capacidad organizativa. Y, lo más importante, Brasil elige presidente tres meses después de finalizado el mundial; hay elecciones generales el 5 de octubre.

Las movilizaciones cuestionan. Para quién es la Copa?

Las movilizaciones cuestionan. Para quién es la Copa?

Estas cuestiones están relacionadas y tienen tensiones a su interior que son las que hacen que la organización sea conflictiva. Que el fútbol sea pasión de multitudes y que se opongan al mundial, parece, en principio contradictorio. Sin embargo, como dije más arriba, La Copa del Mundo es un producto que vende la FIFA. Esto quiere decir, que no es que Brasil organiza la misma, sino que es sede, prepara todo para que pueda desarrollarse la competición. El mundial viene, se juega y se va. Esta diferencia es fundamental, porque le saca su contenido popular y autóctono. Es algo externo al país, que impone condiciones, como protección de marcas, reglas de construcción (hay empresas socias que son las que cumplen con los requisitos) o venta de alcohol en los estadios. Si a eso se le suma los valores, tanto de las entradas como de los productos y servicios generales, el mundial se transforma en una cuestión excluyente para la gran mayoría de la población. Y con tanta pasión en juego, el clima se enardece rápidamente.

A su vez, el clima político favorece estas tensiones. El Partido dos trabalhadores (PT), gobierna desde el 2003, primero con Lula –dos mandatos- y ahora con Dilma. Frente al neoliberalismo característico de los 90, impulsaron un proyecto desarrollista, con base en organizaciones sociales y partidos políticos de carácter democrático-popular, por un lado; y en sectores de la burguesía industrial y rural, decididos a enfrentar el dominio del capital financiero. Si bien lograron imponerse, la corriente conservadora liberal mantiene una presencia fuerte, logrando incluso un 46% de los votos en 2010.

La imposición de esta corriente política tuvo resultados tangibles: mejoras en alfabetización, en parámetros de salud, soberanía e inclusión. Aunque lejos está todavía de ser Brasil un país igualitario. Los movimientos sociales, principalmente el Movimento Sem Terra, sigue siendo un actor de presión, agrupando cerca de dos millones de campesinos sin tierra. Además, las mejoras no lograron ser estructurales, sintiéndose todavía la herencia neoliberal. Completando este complejo panorama, el desarrollo económico llevó a un aumento de fuerzas de la clase trabajadora y también de la riqueza de los industriales.Mientras unos presionan para mejorar su calidad de vida, con mayor poder de organización; los otros lo hacen para mantener su ganancia y poder invertir y exportar. Estas tensiones sociales y políticas se ven aumentadas también por el hecho de que Brasil no se encuentra en un proceso de crecimiento, sino que enfrenta dificultades producto de su estructura productiva y el panorama internacional.

Dilma Rousseff y Lula Da Silva, presidentes de Brasil y del PT

Dilma Rousseff y Lula Da Silva, presidentes de Brasil y del PT

Estas características tanto de la pasión como de la política, encuentran en el mundial una caja de resonancia. Los gastos e inversiones que requiere la organización, sumadas a la corrupción que rodea la FIFA, suman una arista más para desatar la polémica. La presión por el apuro de los tiempos (con demoras intencionales muchas veces), llevan a que se pague más y se controle menos. Además, no parece que puedan ser realidad las mejoras prometidas en infraestructura.

Todo esto es visto como una oportunidad. Además, la proximidad de las elecciones siempre genera una mayor efervescencia política. Los rivales electorales se ven beneficiados del descontento que puede generarse para crecer en las encuestas, aunque Dilma puede aprovechar para seguir mostrando firmeza y capacidad. Los sindicatos y movimientos sociales, mediante la movilización y las consignas “anti mundial”, pueden poner en la agenda pública sus reivindicaciones, a la vez de conseguir nuevos beneficios salariales. El turismo y el flujo de gente está garantizado. El negocio también. En eso, la FIFA siempre es previsora. El problema es político y social, el mundial después se irá como si nada hubiera pasado.

Ronaldo hizo declaraciones polémicas contra las movilizaciones y contra la organización

Ronaldo hizo declaraciones polémicas contra las movilizaciones y contra la organización

A modo de conclusión, de lo analizado se desprende que el problema no es relacionado al fútbol. La tensión que se dispara en torno al mundial está ligada al hecho de que Brasil sea sede, no organizador. La FIFA lleva su producto, impone sus reglas y luego se va. Sin embargo, tampoco produce las tensiones sociales sino que las amplifica. Estos problemas no estuvieron ni en Alemania ni en Sudáfrica, por ser sociedades con distinta historia y características a la brasilera. Probablemente tampoco se presenten en Rusia ni en Qatar –los próximos dos mundiales- donde las libertades y los cuestionamientos al poder son poco factibles. El Comité Olímpico, mientras tanto, está muy atento. Los Juegos Olímpicos de Río de Janerio del 2016 dependen de cómo se resuelva esto, aunque cuentan con la ventaja de estar concentrado solo en una ciudad.

Anuncios

Acerca de Juan Martín Ramirez Bolaña

2 comentarios el “Brasil, donde la política desbordó al fútbol

  1. Pingback: La Organización en la Mira | CUESTIÓN DE ESTADIO

  2. Pingback: Brasil, donde la política desbordó al fútbol » Comunicaciones Sudamericanas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: